22/1/2013

Un animador/a que puede boicotear un grupo

No hay única persona responsable de la buena o mala marcha del grupo. Aunque el/la animador/a, es una pieza clave para el correcto desarrollo del mismo. Cuanto hagan por capacitarse es poco, y un elemento clave para ello es la auto crítica.

Por ello puede darse que el animador o la animadora, pueda convertirse en un elemento negativo en el desarrollo del grupo.

Para "ilustrarlo", os dejo el decálogo del saboteador, de J.M. FERNÁNDEZ MARTOS, fruto de su gran experiencia de grupos:

1. Busque un chivo expiatorio y, una vez encontrado, móntelo a la jineta sin vacilación. En caso de apuro bien puede servirle la situación general, el gobierno de turno o la sociedad capitalista. 

2. Haga gala de no estar en posesión de la respuesta. Eso le eximirá automáticamente de tener que dar respuesta alguna. 

3. Si alguien propone una solución, haga ver que lo mismo valdría la contraria. Eso llevará al grupo a buscar un término medio y, entre tanto, no dar un paso. Caso de que esto no dé resultado hay que recurrir a desvirtuar las prisas. 

4. Si es usted psicólogo, puede defender que el grupo tiene una necesidad compulsiva y malsana de certeza. Si su vena es existencialista, puede sugerir que la única postura de auténtico crecimiento y madurez es la búsqueda. En casos graves se puede optar por decir otro tipo de cosas serias, interpretativas y difíciles de entender. 

5. Muéstrese un poco azorado o, quizá, sólo asombrado, cuando alguien suscite un problema que usted quiere bloquear. Que se note bien que no es el momento oportuno para hablar de eso, o incluso que se palpe que resulta de mal gusto. Si los demás insisten, recurra a decir que difícilmente se puede abordar ese problema sin antes haber tratado a fondo otro en el que éste tiene serias implicaciones. En el fondo la tesis sugerida es la siguiente: “no se puede tratar ningún problema sin antes haber solucionado todos los demás que existen” 

6. Subraye con firme trazo como las personas que han estado desde el principio preocupadas por ese problema lo han estado por razones personales. Si no puede hacer esto sin sentirse violento, le dará resultado preguntar al que propone el problema algo así como: “¿qué significa todo esto para ti?”. Si se pone a responder a esa pregunta no va a tener tiempo para más. 

7. Intente demostrar que cualquier cuestión, hasta la más mínima, tiene infinitos aspectos que han de ser tenidos en cuenta a poco que uno quiera ser objetivo. Una de las mejores coberturas de la propia indecisión es esta de la objetividad. Otra, que la sustituye bien, es la de la peligrosidad. A poco que se fuerce, podrá descubrir peligros en cualquiera de las propuestas de solución de los demás miembros del grupo. 

8. Si fracasan todas las sugerencias dadas hasta ahora, sugiera que conviene consultar a un experto ajeno al grupo. Elija a uno muy ocupado, naturalmente. 

9. Siempre se puede recurrir a hablar de los objetivos generales en los que todos coinciden, pero que milagrosamente siempre dan que hablar. De ellos nunca se desprenden acciones concretas para esta situación real. 

10. Como último recurso, agradezco mucho que haya suscitado el problema. Ha servido para remover tantas cosas... Ha sido al menos un gran estímulo intelectual. Puede incluso proponer que le condecoren. 


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